Riela el cielo tras el reflejo

de la torpe y ciega condena,

de esta sorda y sonora inflexión,

que es la eterna nada en la espera.

Intento tocarte, palpar el alma

de está inalcanzable locura

entre mis sábanas de luz de Luna,

más la noche torna siempre oscura.

Como roca que por el viento y la lluvia

está condenada a ser desgastada,

espero, húmeda, en el acantilado

del éxtasis, dispuesta a ser derrotada.

Y cae tras de ti el fuego de la piel

que con pasión quiso besarte

haciendo trizas la noble osadía

de una ley que quiso amarte.

Roto de pena se ha detenido el reloj

y agotada me convierto en su arena,

resquebrajando la sonrisa lánguida

entre erectos pechos y azucenas.

MEGT Eugenia Tavío

 

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