OLVIDO

Tendía la tristeza sobre las duras

y amargas liñas de la vida.

El amanecer de sus labios se convirtió

en eterna luz de luna.

La suave seda de su cuerpo,

parecía migaja de blanco lino

y el paraíso que por ojos tenía

eran ahora, el fuego del seco

desierto perdido.

Su sexo había muerto en las batallas

de la ausencia de secretos perdidos.

Llora el viento en la tormenta de sus entrañas,

sin remedio, se ahogan en el oasis

de la demencia sus latidos.

MEGT Eugenia Tavío

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