Mil alas milpean en el centro de mi Edén, sobre los pétalos otoñales que dejaste del ayer.

Delicados, sobre laureles se conservan los suspiros que en cascadas fueron compartidos.

Salvajes lenguas y erectos sentimientos entre labios humedecidos, se arropan hoy, bajo el cuerpo envejecido.

El deseo intacto en mis pupilas, deshace, entre las manos, las dunas de un tiempo por destino.

Y pliega aquel cálido viento anclado al paso estelar que sobre nenúfares a Universos vio llenar.

Llega la Luna que en mi cama el deseo cubrió y mientras adormece mis recuerdos, siento el despertar.

Y estoy ahí, en la cumbre del sentido compartido, donde no me ves y la vereda de mi latido es percibido.

MEGT Eugenia Tavío

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